En marzo, a casi cuatro años de la muerte de Robin Williams, su memoria fue ensuciada por la confesión de una actriz que dejó paralizado a Hollywood: su compañera en la serie Mork y Mindy detalló cómo él la manoseaba en un set de TV.

En medio de los movimientos Me Too y Time’s Up, que proponen denunciar acosos abusos públicamente para desterrar el machismo y las conductas inapropiadas, muchos famosos fallecidos aparecieron en la lista. Y Robin no fue la excepción.

Pam Dawber, la actriz protagonista de la serie declaró que Williams acostumbraba a tocarle los pechos y la cola. “Me hizo las cosas más groseras, y nunca me ofendí. Quiero decir que se exhibió, me agarraba, me pellizcaba, me tocaba… Creo que probablemente se lo hizo a mucha otra gente, pero a mí me divertía”, soltó.

Cientos de personas criticaron con dureza a Pam por minimizar lo que hoy sería una denuncia grave: “De alguna manera él tenía esa magia. Cualquiera podría horrorizarse, pero de alguna manera él tenía esa cosita inocente, esos ojos brillantes. Te miraba, muy juguetón, como un cachorroY luego me agarraba las tetas y se escapaba”.

Ahora otra noticia trae a las primeras planas, otra vez, la figura del recordado actor. Dave Itzkoff, periodista de The New York Times escribió una biografía sobre Williams y refleja en los textos el infierno que tuvo que pasar Robin sus últimos días.

Cuando el actor empezó a sentir los primeros síntomas de la enfermedad, el primer diagnóstico de los médicos fue Parkinson. Otros creían que sus comportamientos se relacionaban con el alcohol o a las drogas. Consciente de que no era eso lo que ocurría, su familia decidió pedir una segunda opinión, esta vez a un médico experto en neuropatologías. Fue él quién detectó el verdadero problema.

Demencia con cuerpos de Lewy. Ese fue el diagnóstico. Un síndrome degenerativo y progresivo que guarda ciertas similitudes con el Alzheimer y que afecta el pensamiento, la memoria, las emociones y los movimientos corporales.

El punto más terrible de sus últimos meses Robin lo vivió durante rodaje de Una noche en el Museo 2. Hasta llegó a tener problemas para caminar con normalidad. Cheri Minns, una de las maquilladoras de la película y amiga del actor, fue testigo de lo que ocurría: “Él lloraba en mis brazos al final de cada día del rodaje. Era horrible. Le dije a su gente, soy maquilladora. No tengo la capacidad para lidiar con lo que le está pasando”, admitió.

“Para animarlo le propuse hacer monólogos, pero se resistía. Simplemente lloraba y me decía, ‘No puedo, Cheri. Ya no sé cómo hacerlo. No sé cómo ser gracioso'”agregó angustiada la maquilladora.

​En el libro, Itzkoff asegura que el actor de La sociedad de los poetas muertos no supo afrontar la situación. Le resultaba imposible lidiar con los terribles síntomas que no le permitían ser quien era realmente. Eso “lo llevó a un descontrol que no resultó fácil de sobrellevar ni a él ni a su familia”. Lloraba desconsoladamente a toda hora. No lograba recordar muchos de sus guiones.

Robin nació el 21 de julio de 1951, en Chicago. “Era muy consciente de lo que padecía y trataba de controlarse lo mejor que podía. El último mes ya no pudo seguir, y ahí fue cuando cayó”, reveló su esposa, Susan Williams. “Lo perdoné con todo mi corazón. Fue el mejor hombre que conocí”.

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